Ya terminé el doctorado ¿y ahora qué?

Tomar la decisión de hacer un doctorado es quizá una de las decisiones más difíciles que un estudiante puede tomar. Las ventajas y desventajas de hacerlo son muy claras. Entre las desventajas destacan dejar de ganar un sueldo –y crecer en la jerarquía de una empresa u organización– por un periodo de cuatro a seis años y, si haces el doctorado en el extranjero (y sobre todo en Europa), dejar de ver a tu familia y amigos por periodos prolongados. Sin embargo, este sacrificio tiene ventajas también. No sólo adquieres un título, sino que también haces amigos de todo el mundo. No sólo puedes viajar a otras ciudades, sino que conoces otras culturas. Por consiguiente, no sólo enriqueces tu perspectiva de la vida, sino que también forjas, más allá de una capacidad de investigar hasta el último detalle de un tema determinado, un carácter y un sentido de supervivencia que te permite mantenerte de pie ante lo que sea: un bajo presupuesto, la falta del apapacho familiar y la competencia con los más talentosos cerebros en el mundo.

Ahora bien, la siguiente gran decisión a la que te enfrentas como estudiante es cuando, tras esos cuatro-seis años agridulces, te preguntas: “ya terminé el doctorado ¿y ahora qué?”. En realidad, la pregunta no se da cuando terminas la tesis, sino cuando la estás escribiendo, y es que el perfil que tu tesis tenga determina el mercado laboral al cual estás buscando ingresar. Además, la decisión también contempla otras preguntas muy complicadas: ¿dónde quiero vivir? ¿quiero regresar con mi familia? Y, no menos importante, ¿qué tipo de vida quiero vivir?

Primero tienes que decidir si tu vida profesional estará dedicada por completo a la academia, a un organismo internacional, al sector gubernamental o al sector empresarial. Tu tesis tendrá que ser lo suficientemente interesante para tu empleador, y los intereses de cada uno de estos giros no siempre son los mismos. Adicionalmente, el tipo de labor que cada una de estas opciones representa es completamente distinto.

Si eres de los que se siente como pez en el agua haciendo preguntas y buscando respuestas a ellas con nuevos enfoques y perfeccionando lo que otros ya han hecho, además de que disfrutas pasando tu conocimiento a otros, entonces tu futuro después del doctorado está en la academia. Nada más, debes tener claro que a pesar de que no lo parezca, conseguir una posición de profesor en una universidad de prestigio en México o en el extranjero no es tarea fácil; la competencia en este nicho es quizá la más encarnizada y despiadada que hay y el sueldo en el corto plazo no es lo más atractivo que del mercado.

Incluso, dado el gran número de doctores que buscan colocarse como profesores universitarios y el bajo número de plazas disponibles, se ha hecho evidente el aumento en las ofertas de postdoctorado, que no es sino un modo de prolongar tu vida en la academia por uno o dos años más, pero que realmente no te hace titular de una cátedra en la universidad. Por cierto, si no cuentas con un artículo publicado en uno de las tres mejores revistas especializadas en tu área, olvida por completo pedir trabajo en las mejores universidades. El perfil promedio de chicos con doctorado que obtienen este tipo de puestos cuenta con tres de estas publicaciones.

Si eres de aquellos que creen que su investigación puede cambiar el mundo, entonces tu futuro está en un organismo internacional como Naciones Unidas, la OCDE o el Fondo Monetario Internacional. El camino para esta trayectoria no es sencillo. Es complicado ingresar a este tipo de organismos a cualquier nivel, pero lo es aún más en los puestos a los que seguro aspirarás cuando cuentas con un doctorado. Si quieres, por ejemplo, ser economista senior, además de tu grado y las publicaciones que avalen tu calidad investigadora, deberás contar con experiencia profesional de al menos siete años en puestos de alto mando en el área relevante. El perfil promedio de personas que obtienen este tipo de trabajos ha sido Director General en alguna secretaría de estado en su país de origen por al menos cinco años.

Si tu tirada es ingresar al gobierno o al sector empresarial, entonces tu investigación debe tener un origen aplicado. Esto es, a este tipo de empleadores no les interesa qué tan sofisticada sea tu metodología o si efectivamente tienes razón y has resuelto una pregunta muy complicada para la que nadie encontraba respuesta. Lo único que este tipo de empleadores quieren es que tu investigación les proporcione un beneficio específico. Así que, por ejemplo, si tu tesis no genera un nuevo método que haga un proceso productivo más eficiente o que facilite la síntesis de un químico de forma más barata y rápida, olvídalo; mejor busca en otro lado.

En segundo lugar, y si estudiaste en el extranjero, tienes que decidir en qué país vas a buscar trabajo. Esta labor no es tarea sencilla, puesto que los aparentemente altos sueldos de ciertos trabajos se desvanecen cuando tomas en cuenta el costo de vida de las ciudades europeas o americanas. Por supuesto, si has decidido formar una familia antes o durante el proceso de tus estudios de doctorado, la complejidad sobre encontrar un lugar de trabajo se multiplica. En cualquier caso, tienes que considerar que siempre estarás en desventaja con respecto a los oferentes locales, ya que tú no contarás con visa de trabajo al momento de realizar tu solicitud de trabajo. Si tienes familia, además te deberás asegurar que la ciudad a la que vayas a trabajar, cuente con buenas escuelas, parques, hospitales y servicios suficientes para que tu familia esté bien. De otro modo, estarás buscando trabajo nuevamente antes de haberte acoplado a tu nueva vida.

Encontrar trabajo no es más sencillo cuando tienes un grado académico más alto. Al contrario, es más complicado. Debido a tu alta especialización y alta cualificación, muchos empleadores te verán como un prospecto inflexible, con altas demandas salariales y en cuanto a prestaciones. Además, para las pocas ofertas de trabajo que sí se acomoden a tu perfil, estarás compitiendo con individuos de todo el mundo, particularmente si estás buscando trabajo en la academia. Por ejemplo, es bastante común encontrar competencia para ingresar como profesor de economía en una universidad en México de candidatos –no necesariamente mexicanos– de Harvard, MIT, Chicago, UPenn, Stanford, LSE, Cambridge, Oxford, etc.

A pesar de todo esto, terminar tu doctorado deja un sinfín de satisfacciones a nivel personal. No sólo has conseguido caminar todo el recorrido académico para un estudiante, sino que has también logrado pasar por una experiencia repleta de retos de corto y largo plazo; y además, has puesto sobre la mesa todas y cada una de tus habilidades intelectuales para lograr que otros acepten como válidas tus ideas. Si algún día con frustración te preguntas “¿para qué estudié un doctorado?”, entonces recuerda todo el proceso que viviste desde la primer carta de recomendación y el primer paquete de solicitud de admisión que llenaste. Con eso seguro obtendrás el valor necesario para enfrentar todo lo que está por delante.

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