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primer empleo en México

La universidad es esa maravillosa y a la vez horrorosa época de la vida en que te saltas las clases con los amigos, vas a fiestas en las que terminas recordando muy poco de lo que sucedió y dejas todo para el último momento. Pero por alguna razón que combina una descendiente espiral de pánico derivada de la procrastinación con un poco de milagros navideños, al final obtienes un título y es ahí donde te sientes listo para enfrentarte el monstruoso y competitivo mundo laboral, ¿O no?

La realidad es que en la universidad omiten dar la clase “Mi primer empleo 101” en donde deberían de enseñar cómo redactar un CV, qué responder en una entrevista de trabajo o simplemente cómo buscar empleo en portales de internet, de lo contrario le podrían ahorrar muchos dolores de cabeza a miles de estudiantes cuya respuesta a la pregunta “¿Por qué debería de darte el empleo?” bien puede ser “Porque están contratando (?)”.

Pero también es cierto que, el primer empleo no es igual para todos ni se obtiene al mismo tiempo. La Encuesta Nacional de Egresados 2016 mostró algunos datos interesantes al respecto, por ejemplo; el 31% de los egresados de universidades privadas comenzaron a trabajar incluso antes de iniciar sus estudios universitarios y en general, el grueso de los universitarios consigue su primer empleo en los primeros tres meses después de haber egresado. Algunas de las principales dificultades de los jóvenes para encontrar trabajo son los salarios bajos o las malas prestaciones; falta de vacantes y en especial, la falta de experiencia que las empresas solicitan.

Sin embargo, para la Organización Internacional del Trabajo, la transición entre la escuela y el trabajo es tan importante que, sólo se logra cuando el joven encuentra un empleo estable y que le brinde cierta satisfacción personal, es decir, no cuenta solamente conseguir empleo, debe de ser un buen empleo. Y de acuerdo al último reporte de la OIT “Coyuntura laboral en América Latina y el Caribe: la transición de los jóvenes al mercado laboral”, los jóvenes mexicanos tardan, en promedio, alrededor de cinco años en conseguir un buen empleo. En otras palabras, si te gradúas a los 22, encontrarás un buen trabajo hasta los 27.

La situación aún es más preocupante si tomamos en cuenta que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del INEGI, en su reporte del segundo trimestre de 2017 mostró que, del total de personas desempleadas, por no tener la experiencia suficiente, que poseen educación media o superior, el 80% de ellas son jóvenes de entre 20 y 29 años. Es decir, una gran causa del desempleo juvenil es debido a la falta de experiencia.

Además, los datos de la ETET, encuesta de la OIT sobre la que se basó el reporte de transición al mercado laboral, muestran que la transición a un empleo estable es menor para aquellos jóvenes que ya tienen una experiencia laboral previa y aquí es fundamental el rol que juegan los gobiernos y las universidades para la generación de experiencias relevantes en las trayectorias laborales de los jóvenes, a través de programas y subsidios que fomenten la colaboración del sector privado para incluir a jóvenes universitarios que aún no han egresado dentro de programas de formación que se traduzcan en la adquisición de conocimientos y habilidades que reditúen a futuro para que, al egresar, no vayan a la guerra sin fúsil.

Programas como “Mi primer empleo” en los gobiernos de la Ciudad de México, Sinaloa o Hidalgo, han tenido relativamente buen éxito en el sentido de dotar a los jóvenes con experiencia laboral de acuerdo a su perfil profesional, sin embargo, también es necesaria la participación de las universidades, tanto autónomas como privadas, para desarrollar planes de estudio que permitan a los estudiantes combinar la escuela y el trabajo. De esa manera podremos reducir la brecha de transición de la escuela a un trabajo estable y satisfactorio.

¿Tú universidad te permite trabajar y estudiar? ¿O haces esfuerzos imposibles para cumplir con todo? Déjanos tu opinión en los comentarios.

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