La vida de un diseñador en México

La vida de un diseñador en México

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“Está muy caro”, “no me gusta”, “Tardas demasiado”, “alguien lo hace más barato”, “métele más diseño”, “necesito hacerle unos cambios”. Si eres diseñador, seguro escuchas estas frases con frecuencia. Pero la verdad es que más allá de “hacer dibujos” como muchos dicen, los retos que enfrentan los diseñadores gráficos son mayores cada día.

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Uno de los problemas es el enfoque que se le da a la carrera. La carrera de diseño está bastante enfocada en cuestiones artísticas y creativas, pero muchas universidades dejan de lado la perspectiva de negocio y de enseñar a los estudiantes a tener su propia empresa o agencia. Esto serviría para poder profesionalizar lo aprendido a otro nivel. Más que enseñar competencias para llegar a clientes directamente, muchas escuelas se centran en formar empleados de una empresa. En palabras de Magdalena Lara, diseñadora editorial de la revista Rolling Stone: “Adentro de la revista me di cuenta que hay universidades que encaminan mucho a merca, publicidad, etc, y yo sólo había aprendido diseño”.

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En un mundo plagado por la subjetividad es muy complicado explicarle al cliente la racionalidad que tomaste en tu decisión de diseño. El diseño es una experiencia estética de la que todo el mundo puede tener una opinión y es común que el cliente se deje llevar por sus gustos antes que confiar en el conocimiento del diseñador. La labor de este es orientar las decisiones del cliente en función a criterios metodológicos y de funcionalidad de acuerdo a un objetivo, que no es trabajo fácil.

“El diseño no es tan frío como un número, es mucho de leerle la mente al cliente y él mismo no sabe qué quiere. Tienes que trabajar mucho para poder llegar a esto”, opina Cesar Espinosa, director de Morpho Branding, una agencia de branding, que integra la tecnología con el pensamiento creativo.
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Los clientes sólo ven el trabajo final. “Otros me han cobrado menos por hacer lo mismo” es una frase que todo diseñador ha escuchado. Pero nadie toma en cuenta las horas que tomó hacerlo. Desde que llega la idea a la cabeza, los bocetos, intentos, arreglos, teorías de dibujo, cálculos, etc. Muchos diseñadores cobran por hora. El problema es que la creatividad no empieza desde que corre el reloj y muchos clientes quieren bajar el precio justificando que “ese logo lo pudiste hacer en 2 horas y me estás cobrando una semana”.

Además muchas veces en diseño no hay una dimensión de servicio de consultoría. Cesar Espinosa argumenta que está tan poco profesionalizado que los mismos diseñadores no se toman tan en serio su trabajo y no son capaces de agregar valor al mismo. “Regalan su trabajo, malbaratan el trabajo y el cliente no se deja llevar por un análisis de qué es lo mejor para él. El servicio puede ir mucho más allá”.

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Muchas veces en este medio es necesario dejar de ser diseñador para ser más un administrador para poder aspirar a un trabajo mucho más integral en el que inclusive se pueda llegar a tener una empresa propia.

Como primera vía, un diseñador necesita complementar sus estudios con otra carrera. Necesita conocer muchas más cosas como: Ingeniera Industrial, Negocios, Administración, Mercadotecnia, Relaciones Públicas.

El director de Morpho Branding nos platica que después de diseño hizo una maestría en marketing, lo que le ayudó a tener un enfoque más de negocio. “La parte administrativa no es sencilla. Mucho de lo que yo hago es vender y conseguir clientes”.

Una segunda vía puede ser adquirir competencias paralelas como conocimiento de paquetería, programación, animación, ilustración, fotografía, etc.

Les dejo un video con el cual muchos de ustedes, diseñadores, se sentirán identificados.

Además, la cuenta de Clientadas en Facebook seguro les hará reír un rato.

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