Cuida tu reputación en redes sociales

Cuida tu reputación en redes sociales

Muchas empresas ya usan las huellas que dejamos en redes sociales para darse una idea de quiénes somos.

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Son pocos los amigos, contactos de trabajo o periodistas cuyo trabajo sigo de cerca que no cuenten con alguna presencia en redes sociales, principalmente en Twitter o Facebook. Yo me declaro adicta a ellas por su valor como fuente inagotable de información y, ¿por qué no? de chismes que me ayudan en el desempeño de mi labor diaria. Muchos creen que por ser cuentas personales, todo lo que subimos a estos micrositios, desde las fotos de la última vacación hasta lo que vamos a comer y con quién lo vamos a compartir, no tiene consecuencias. Les tengo una mala noticia: sí las hay y pueden llegar a ser graves, particularmente para aquellos que se encuentran en proceso de incorporarse al mundo laboral o ya se encuentran en él.

Muchas empresas ya usan las huellas que dejamos en redes sociales para darse una idea de quiénes somos: ¿compartimos imágenes del último escotazo de Salma Hayek en Cannes o subimos enlaces a notas sobre cómo interpretar los resultados de las últimas elecciones intermedias en México? ¿Sómos #foreveralone o la fiesta no arranca hasta que lleguemos? ¿Usamos palabras altisonantes en nuestros mensajes, ofendemos a alguna etnia con un meme que alguien más nos envió? ¿Tenemos un intercambio, acalorado pero respetuoso, con un seguidor que está en desacuerdo con nuestra opinión o agredimos al interlocutor sin argumentos? Todo esto nos define ante los ojos de extraños, incluidos potenciales empleadores y actuales jefes.

En la empresa donde laboro podemos usar redes sociales aunque siempre tenemos presente el alcance de las cosas que publicamos. Por ejemplo, no sería exactamente una buena idea expresarse ofensivamente en un post en Facebook sobre una persona que recién entrevistaste para una nota. Eso seguro te meterá en serios problemas. Algunas firmas usan ahora nuestra presencia en redes sociales –qué cuentas seguimos y quiénes nos siguen, el intercambio que tenemos con esas cuentas, la frecuencia con que ingresamos— para otorgar micro créditos o bien, dar ese primer vistazo a una persona que podríamos considerar para un puesto. En otras palabras, lo que transmitimos es un reflejo de nuestra personalidad.

Otra idea errónea es que si yo ajusto los filtros para que, supuestamente, mis cuentas permanezcan privadas y pueda decir lo que se me ocurra, nadie que yo no autorice lo podrá ver. En estos tiempos en que prácticamente todo es susceptible de intrusión –el famoso hackeo– asuman que si alguien quiere ver lo que ustedes publican, lo hará. Recordemos cómo fue que gracias a la mención de la cuenta “privada” de la esposa del funcionario que usó un helicóptero de la dependencia gubernamental que dirigía para uso privado nos enteramos que en realidad iban rumbo a una vacación en Vail, y no al hospital, como dicho funcionario insistió en hacernos creer. Vamos, hasta Snapchat, la aplicación cuyo pitch de venta es justamente el desaparecer videos y fotos unas vez que el destinatario los ha visto, ha sufrido intercepciones con resultados bastante penosos para muchos (http://cnet.co/1ducDOH). Tinder, ni hablar (http://bloom.bg/1ICxltk). Y no hay que olvidar tampoco que aunque borres ese tweet del que te arrepentiste, seguro alguien tendrá forma de recuperarlo para mostrarlo de nuevo al mundo.

Con esto tampoco quiero decir que solamente publiquen sus labores humanitarias, la foto con un famoso empresario de  reconocimiento mundial o le den “me gusta” a fotos de tiernos gatitos. No. Lo que digo es que vale la pena, sobre todo cuando se tiene la cabeza muy caliente con algún tema que nos apasiona, tomarse unos segundos adicionales antes apretar el botón de envío.

Conozco del caso de un joven en medio de un proceso de selección para un puesto que quedó a la mitad del camino luego de que el área de recursos humanos detectara tweets que consideró bastante ofensivos en la cuenta personal del aspirante. He visto fotos de  ejecutiv@s de agencias gubernamentales y empresas privadas que suben a sus cuentas de Facebook donde hacen despliegue generoso de curvas y que, quizá, poco ayudan a cultivar una imagen de profesionalismo, confianza o buen juicio. Igualmente, sé de un alto directivo que despidió a un mando medio luego que el geolocalizador activado en una aplicación del empleado lo ubicara en un motel de paso durante una supuesta comida de trabajo.

Encontrar trabajo actualmente es una labor intensa, competida y muchas veces frustrante, por lo que hay que usar a las redes sociales como aliadas y no para sabotear nuestra imagen.

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