Compartir

¿Eres de los que se esperan al último minuto para hacer algo? O ¿piensas que trabajas mejor bajo presión?

La procrastinación (del latín procrastinarepro, adelante, y crastinus, referente al futuro), es la postergación o posposición de una acción. Es retrasar actividades o situaciones que deberías atender, pero que prefieres sustituirlas por otras situaciones más divertidas y a veces hasta irrelevantes.

“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”

Nos han repetido esa frase hasta el cansancio, pero le seguimos dando vueltas a esa lista de pendientes que necesitamos atender. ¿Qué nos pasa?, ¿por qué no sentimos esa motivación para hacer las cosas?

La procrastinación puede traer a nuestras vidas mayores niveles de estrés, ansiedad, depresión, fatiga, e incluso hacer que reprobemos una materia o que nos despidan del trabajo.

El Psicólogo Neil Fiore, autor del libro: “Hazlo ahora: supera la procrastinación y saca provecho de tu tiempo libre” clasifica a la gente que procrastina en 5 estilos distintos:

  • El perfeccionista. Esta persona está evitando confrontarse a su tarea por miedo a equivocarse, a cometer errores o a ser juzgado por los demás. Por lo que prefiere invertirle horas, días y hasta meses a un solo objetivo de su proyecto hasta que esté “perfecto”. Es el clásico cuate que no acaba la tesis porque dice que “no está satisfecho con algún capítulo” y prefiere irle dando largas. Lo que en realidad le está pasando es que su miedo lo está paralizando y prefiere no recibir la retroalimentación o feedback sobre su trabajo. O es el caso del cuate que quiere emprender un negocio pero no lo hace porque no encuentra al socio “perfecto”. Que lo que en realidad le está pasando es que prefiere evitar por completo su proyecto con tal de no equivocarse.
  • El impostor. Esta persona tiene miedo de que la gente piense que no es alguien “calificado” y le da miedo sentirse inferior a los demás. Este tipo de persona prefiere evitar hacer cualquier cosa con tal de que la gente no se dé cuenta que no sabe hacer algo. Es el caso típico de alguien al que le pides que haga algo y no lo hace y te da largas para entregar las cosas porque en realidad no lo sabe hacer pero prefiere no decirte que ¡no lo sabe hacer! :/
  • El desmotivado. Cuando esta persona se encuentra en una carrera profesional que no le gusta, cuando está en un trabajo que le resulta aburrido o desagradable tiende a posponer las tareas y las cosas porque simplemente se crea la historia de que “no se siente motivado”. Es el caso del cuate que dice que no hace algo porque le parece que es “demasiado tonto” o “demasiado aburrido” hacerlo. (También puede tener un poco de impostor).
  • El abrumado. Tiene tantas cosas que hacer que no sabe por dónde empezar, por lo que prefiere no empezar. A veces ellos solitos van acumulando las tareas o el trabajo para que lleguen al punto en que eso los abruma y es el pretexto ideal para no hacer nada. El típico caso de no estudiar nada durante el semestre y tratar de empezar una semana antes de que acabe.
  • El afortunado. Hay algunas personas que han postergado cosas durante toda su vida sin percibir consecuencias o efectos de estas decisiones. Por lo que siguen haciéndolo infinitamente porque se creen suertudos o afortunados.

¿Se puede superar?

Ya reconociste tu estilo y ¿quieres hacer algo al respecto? (¿o eres de los afortunados que esto no les ha causado problemas?). Aquí algunas soluciones:

  • Asegúrate de que el trabajo se TIENE que hacer. Si estás postergando y cayendo en la procrastinación porque estás abrumado o porque te sientes desmotivado en tu trabajo, pregúntate si ¿realmente tienes que hacer todo eso?. Muchas veces el identificar aquellas cosas que no “urgen” tanto o cosas que le puedes delegar a alguien más, motiva a tomar acción y el panorama se vuelve un poco más transparente para empezar a trabajar.
  • Divide las tareas. Cuando sabes qué es lo que tienes que hacer exactamente para salir adelante con tu tarea, trabajo o proyecto, se elimina una sensación de incertidumbre. Intenta poner pasos a seguir que incluyan un límite de tiempo o plazo a cumplir. Muchas veces el hacer esto ayuda a desenredar la bola de cosas pendientes que traías en la cabeza (y muchas veces te das cuenta de que ¡no era para tanto!).
  • Piensa en porqué lo estás haciendo. Una manera de hacer las cosas es pensar en la razón que está detrás de ellas para hacerlas. Esto es pensar en el compromiso real que te llevó a eso que tienes que hacer. Por ejemplo, si estás tratando de mejorar tu salud y un día no quieres hacer ejercicio, recuerda tu compromiso y en las razones que te llevaron a querer tener una vida más saludable.
  • Pasos pequeños o baby steps. Empieza por lo primero. Por lógico que te parezca, muchas veces el primer paso es el que cuesta más trabajo, pero a partir de ahí asegúrate de no parar y hacer pequeñas cosas diario para conseguirlo. Por ejemplo, dedícale media hora al día a estudiar ese libro del cual tienes que entregar un reporte la semana que entra.
  • Añadir el elemento de urgencia. Fiore menciona que a veces es útil añadir un elemento de urgencia al proyecto o tarea en la cual estás trabajando. Puede ser establecer una fecha límite (y recordar que no “tiene que estar todo perfecto” para esa fecha) puede ayudarte a sentir un poco de presión. En el caso de tareas más inmediatas puedes intentar premiarte cada vez que consigas algo. Puedes poner un cronómetro y después de 15 o 30 minutos de haber empezado a hacer algo, parar para tu premio o incentivo y regresar a realizar el siguiente segmento.

No importa si tu estilo de procrastinar es eventual o es de tipo crónico, entender cuál es tu estilo puede ayudarte a estructurar mejor tu tiempo de una forma inteligente y a confrontar los retos de una manera más placentera, sin estrés y ¡sin sufrimiento!.

 

Comentarios