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Estudiar Derecho

Son diversas las razones por las que un joven mexicano se decide por la Licenciatura en Derecho: equivocadas aspiraciones económicas, hereditarias presiones familiares, y en muy pocos casos, pasión genuina por el mundo jurídico. En cualquier caso, si tú estás a punto de ingresar a esta carrera, es buena idea que consideres lo siguiente que, podría evitarte una crisis a la mitad de tu carrera.

1.    El derecho va más allá de lo civil o penal

Cuando se piensa en un abogado, la primera imagen que llega a la mente es el de un individuo trajeado que se encarga de litigar asuntos civiles, familiares o penales; concepto totalmente equivocado. Ya sea en la Administración Pública o en la Academia, hay muchas más maneras en las que un abogado se puede desarrollar. No necesariamente tendrás que pasar tu vida en los juzgados y mucho menos en lo penal o en lo civil; existe un gran abanico de opciones para especializarte que van desde el derecho de la propiedad intelectual, hasta el derecho marítimo, del medio ambiente y los animales. Al final, tú decidirás si poner una firma de abogados; tener una beca del CONACyT como investigador o siendo un político.

2.    Esto no es “La Ley y el Orden”

No es malo ingresar con las ganas y el deseo de poder ayudar a quienes sufren de atropellos en sus derechos pero, en un país en desarrollo como México, donde la pobreza y la corrupción son síntomas que aquejan desde las más pequeñas cúpulas sociales, hasta las más altas esferas del poder, la justicia se diluye en un vaso que no es de agua cristalina pues, no es tan simple como pararse ante el jurado y comenzar un bello discurso sobre lo bueno y lo malo; a quien hay que convencer es al juez, e incluso así, el abogado con los mejores argumentos podría no ganar una sentencia favorable para quien es inocente: desde ausencia de controles para la discrecionalidad de la judicatura y una arraigada cultura de corrupción, hasta ausencia de capacidades de investigación y una muy pobre capacitación de los operadores jurídicos, el sistema judicial presenta muchos retos que te auguran un sinnúmero de frustraciones. Muchas veces será tu propio código de ética el que marcará la pauta para que el ciclo de corrupción continúe (o no).

3.    Hay quienes tienen la vida resuelta y hay quienes pican piedra.

Entre tus compañeros de clase muy probablemente te encuentres con algunos que son familiares de políticos, jueces o profesores. Y es casi seguro que, al graduarse, puedan entrar muy fácilmente al “negocio familiar”, no es sorprendente que más de 500 jueces tengan a sus familias en nómina. Pero también, te encontrarás con aquellos que nunca han tenido algo que ver con la esfera jurídica: pequeños valientes que tendrán que picar piedra para abrirse sus propias puertas. El éxito depende de cuánto te esfuerces sin importar los obstáculos.

4.    Lo que aprendas en las clases te servirá de poco

En la mayoría de las escuelas y facultades de derecho, ir a clases es un mero trámite para obtener el título y la cédula profesional. La verdadera acción está al pasar de la teoría a la práctica. Para eso hay varias formas: participar en concursos o competencias de simulación; convertirte en pasante para algún despacho; ser meritorio con algún investigador (o ayudante de profesor en su defecto); entre otros. La parte negativa es que, muchos de estos “trabajos” son malpagados (incluso no remunerados) y sin prestaciones de ley, con la única consigna de “pagar con conocimiento”. En esencia, explotación laboral. Y, si decides graduarte sin experiencia, será muy difícil que puedas encontrar trabajo.

5.    Podrías perderte a ti mismo

Aunque es una disciplina de las ciencias sociales, la carrera se vuelve muy técnica desde el primer momento en que entras en contacto con el “lenguaje legal”. De la misma manera, algunos profesores podrían empujarte a una competencia de egos entre tus propios compañeros en vez de enfocar la competencia hacia ti mismo; pero también, algunos que podrían marcar positivamente tu formación humana. Tu propia personalidad y experiencias a lo largo de tu etapa como estudiante te llevarán por caminos en donde se pondrán a prueba tus principios y valores; al final puedes terminar con una doble vida: quien eres como abogado y quien eres como persona. De ti dependerá encontrar tu lugar en el mundo del derecho.

Muchos dicen que es difícil ser abogado, pero en realidad es más fácil de lo que crees. Cualquiera puede ser abogado, lo difícil es ser un buen abogado. Alguien con ética y principios que denuncie la corrupción y ayude a construir una mejor nación, porque para ser un abogado corrupto y vendido, de esos ya hay muchos entre los juzgados mexicanos.

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